Un Pequeño Gran Paso hacia la Disciplina

Todos conocemos esa narrativa: “mejor mañana”, “estoy muy cansado”, “primero termino esto que es importante y después sin falta”. Narrativas como éstas y todos sus matices son las que muchas veces hacen difícil llegar al mat, al cojín o a realizar cualquier actividad que nos propongamos. ¿Suenan familiares? Surgen con mucha frecuencia y, aunque seamos muy disciplinados, van a seguir apareciendo. Entonces lo importante es saber relacionarnos con ellas.

En primer lugar, todas ellas tienen algo en común: una cierta pereza. Una pereza más aletargada vencida por el cansancio o la falta de energía; o una pereza más activa que no puede dejar de escribir el mail urgente (tan urgente que no puede esperar). En ambos casos le sacamos la vuelta a algo. Es pereza porque nos aleja de llegar al mato o al cojín. ¿Qué hacer? No alimentar esas narrativas, no establecer un diálogo con ellas, no dejar que ocupen mucho espacio. De lo contrario, el día para empezar a hacer x actividad no llega nunca.

Es desafiante no alimentar estas narrativas porque ofrecen alternativas muy seductoras: “mejor duermo un poquito más”, “primero descanso y así voy a tener energía para poder empezar”, “voy a ver un capítulo más de la serie para despejarme”. Lo que se nos olvida es que alimentar esas narrativas nos conduce solamente a más letargo, que nos vamos a sentir frustrados más temprano que tarde y que seguimos posponiendo algo que sabemos nos hace tan bien. Es en ese momento que no podemos perder de vista esa sensación después de practicar. La de un cuerpo fuerte, conectado y liviano en el caso del yoga; esa sensación de mente amplia, espaciosa y con la sabiduría para enfrentarse a cualquier situación que nos da la meditación.

En vez de cultivar esa narrativas repetitivas y familiares que nos dejan siempre en el mismo lugar, traigamos a nuestra mente el recuerdo de esa sensación después de la práctica. Con esa imagen en mente es más fácil dejar pasar las narrativas perezosas, dejar que pierdan fuerza y dar un pequeño gran paso hacia la disciplina en la vida cotidiana. Un paso a la vez. Un paso conduce a otro paso. Con el tiempo será más difícil dejar de practicar que llegar al mat o al cojín.

El Poder de Estabilizar la Mente

por Elisa Marzuca

Es frecuente escuchar, en el mundo del yoga y la meditación, que ahí donde llevamos nuestra atención llevamos nuestra energía. En esta frase hay muchas capas que mirar, comencemos mirando qué rol juega la atención en todo esto. En primer lugar, no es fácil dirigir nuestra atención. Generalmente nuesta atención divaga de un objeto a otro. Nos sentamos a trabajar y aparece un tema en mi mente que me captura; o recuerdo que tengo algo pendiente; o simplemente mientras leen estas palabras las asocian con otras ideas y se pierden en una cadena de pensamientos.

Entonces, si queremos llevar la atención a algún lado tenemos que comenzar por entrenar nuestra capacidad de prestar atención. Aquí es donde la meditación tiene un conocimiento inigualable por compartir. El primer paso de la práctica de meditación es llevar nuestra atención a la respiración. Una y otra vez (porque ya saben lo que sucede: una y otra vez nuestra atención se distrae). Entrenar nuestra mente llevando la atención a la respiración nos entrega estabilidad: no nos sentimos arrastrados en cualquier dirección ni por cualquier cosa.

Esa estabilidad aquieta nuestra mente, nos conecta con espacio mental, esa estabilidad nos relaja: ya no tenemos que salir corriendo detrás de la primera cosa que se le ocurra a la mente. Ese es el poder de estabilizar la mente: cuando la mente está estable podemos dirigir nuestra atención, y ahí donde dirigimos nuestra atención va nuestra energía. Una energía que permite llevar las cosas a cabo, materializar nuestros sueños, anhelos y metas. Una energía que nos lleva a la acción.

Cuando la Mente se Llena de Agresión

Escrito por Elisa Marzuca

La palabra mindfulness se puede desglosar en “mind” que significa mente y “ful” que alude a lleno. Su significado (uno de muchos) nos conduce a una buena pregunta ¿de qué está llena mi mente? Nuestra mente siempre está poniendo atención a algo, si la observan por unos minutos podrán ver cómo la atención va de una cosa a otra. La práctica de meditación está relacionada con entrenar nuestra mente y para ello comenzamos entrenando nuestra atención. ¿Para qué? Para poder dirigir nuestra mente en vez de ser dirigidos, o más bien arrastrados, por ella.

Aquello en lo que colocamos nuestra atención no da lo mismo. Aquello en lo que colocamos nuestra atención una y otra vez comienza a transformarse en el paisaje de nuestra mente, comienza a ser el contenido con el cual llenamos nuestra mente. En ese sentido, la pregunta ¿de qué está llena la mente? es importante. La tradición budista nos levanta una pequeña alerta interesante. Una de las razones para entrenar nuestra mente es para que las emociones aflictivas no capturen completamente nuestra atención. Hay tres emociones aflictivas raíces: pasión, agresión e ignorancia. Cuando una (o varias) de estas emociones aflictivas llenan nuestra mente tiñen la forma en que percibimos el mundo y condicionan nuestro actuar.

Llevemos nuestra atención a la emoción aflictiva de la agresión. ¿Qué implica? ¿Cuáles son algunas características de un estado mental teñido por la agresión? Lo primero es que aparece un objeto de mi agresión y gran parte de mi atención se centra en ese objeto; se achica el espacio y la perspectiva; dejo de considerar lo que sucede a mi alrededor por estar centrado en eso que me molesta, irrita, etc. El paso siguiente es que queremos deshacernos de ese objeto (sea objeto, situación, o persona). La agresión en su expresión más básica quiere alejar algo, deshacerse, evitar el contacto.

Esta es una experiencia familiar para todos nosotros; a la base de la agresión está la emoción de la rabia que no es ni mala ni buena en sí misma, es simplemente una de las emociones que forma parte de la condición humana. Ahora bien, aquí tenemos que hacer una distinción clave: la forma en que nos relacionamos con la rabia hace toda la diferencia. Cuando enganchamos con la rabia y la alimentamos con nuestras narrativas ella crece y puede expresarse como agresión, generar enemistad, odio, destrucción y guerras (desde pequeñas guerras que vivimos en nuestra vida cotidiana con quienes nos rodean a grandes guerras alrededor del mundo). Por otro lado, si nos relacionamos con nuestra rabia de manera directa, acogedora y trabajamos con ella se puede expresa su lado sabio. La rabia en su lado sabio nos permite ver con mucha claridad lo que está ocurriendo y nos permite poner límites (nos permite decir no, basta). También, la energía de la rabia es tremendamente movilizadora, nos permite pasar a la acción, a una acción precisa, clara y fuerte.

Que la rabia se exprese en su lado sabio o confuso depende de cómo nos relacionemos con ella. Una cosa es clara, cuando la mente se llena de agresión, todos sufrimos.

La Humildad y La Ambición

Escrito por Elisa Marzuca

Sé humilde y ambicioso a la vez.Michael Carroll

Michael Carroll, un practicante budista que lleva la visión de meditación al mundo laboral, en su libro “Awake at Work” describe 35 principios budistas prácticos y uno de ellos es “sé humilde, y ambicioso a la vez”.

Estas dos cualidades puestas juntas (con un “y” en vez de un “o”) puede parecer algo contradictorio, sobre todo dentro del mundo espiritual. ¿No se supone que ser humilde es lo contrario de la ambición? Depende de qué estamos entendiendo por ambición.

En la tradición budista se describen tres emociones aflictivas: la pasión, la agresión y la ignorancia. La pasión en su aspecto sabio es una energía que nos moviliza: queremos lograr algo, queremos movernos en una dirección determinada, cumplir un objetivo. Algo nos apasiona y vamos en busca de ello. En su aspecto confuso, la pasión puede ser ciega: estamos dispuestos a utilizar cualquier medio con tal de lograr nuestros objetivos. Cuando la tradición budista habla de coemergencia, se refiere a que en cualquier momento de nuestras vidas puede surgir la expresión confusa de nuestra mente o la expresión sabia; ambas están disponibles y depende de nosotros cuál de estas manifestaciones elegimos cultivar. Pero eso no significa que la pasión en sí misma sea algo negativo y tampoco significa que ser humilde en sí mismo sea algo positivo. Y justamente por esta razón esta cita es tan interesante. Porque juega con energías opuestas para encontrar un equilibrio.

Es bueno saber a dónde quieres ir, para no terminar en el lugar equivocado. Pero si no eres lo suficientemente humilde para apreciar y respetar el lugar en el que estás, probablemente ya estás perdido.” Michael Carroll

Entonces la ambición, con la energía sabia de la pasión a la base, nos moviliza e invita a dar pasos y tomar acciones. La humildad nos permite darnos cuenta de dónde estamos, nos permite ser conscientes de nuestros límites. Demasiada humildad nos estanca. Por eso necesitamos ambas cualidades en nuestra vida y en nuestra práctica de yoga y meditación.

Con frecuencia en el mundo yóguico y meditativo está sobrevalorada la humildad. Muchas veces el ego se transforma en el enemigo del practicante espiritual y tratamos de alejarnos lo más posible de un ego inflado, arrogante y ambicioso. Pero no nos damos cuenta que eso nos lleva solamente a otra cara del mismo ego: uno que aparenta ser humilde al tratar de restarse importancia, y que se autocritica constantemente sin saber ocupar dignamente su lugar. Este otro extremo es igual de egótico que el primero.

La humildad nos ayuda a reconocer quienes somos y dónde estamos tanto en términos de nuestras capacidades como de nuestros límites. La ambición nos invita a ir más allá y potenciar nuestras capacidades para poder crecer en nuestro camino. No hay porqué tenerle miedo a la ambición si la humildad mantienen nuestros pies bien plantados sobre la tierra.